miércoles, 6 de abril de 2011

Un cuento venezolano del día

Encontrada entre esas historias de almas parecidas que van por la vida cantando una misma canción de amor:

Los cocuyos comienzan a llamar la lluvia.
(Jhanoayra BB, Estado Zulia, Maracaibo - Venezuela)

Entre tus dedos mis dedos juegan, cuando mis ojos inertes en el horizonte están...
la cálida tarde se parece tanto a la felicidad, desde este balcón de piedras, la vida se ve tan llena de vida, la paz se siente en el aire, se respira; y si cierras los ojos, alzas tu mano, hasta puedes tocarla...
En este atardecer, aún no llega la luna, para adornar el crepúsculo, y sigues allí, a mi lado, silente y calmado, sintiendo al viento rosar tu cuerpo, aquietado tu respiración, sintiéndote vulnerable...
A veces me miras, como para asegurarte de que no me he ido, y sin voltear aprieto tu mano, como asegurándote que no he de soltarte ahora, que estaré el tiempo que sea necesario...
Y tú sonríes de discreta manera, me ablandas las corazas y me dejas desnuda el alma.
Sos todo lo que necesito ahora, esta vista, estas ganas de quedarme no las había sentido antes.
Más tarde, la luz naranja desaparece de a poco, la helada noche hace mella en mi piel cálida, las estrellas aparecen de una en el cielo, y los cocuyos comienzan a llamar la lluvia...

Sueño de una noche y una eternidad entre una mariposa y un dragón...

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Cuando soñamos las cosas parecen más reales...

el sueño nos conecta con nuestro mundo interno