jueves, 3 de noviembre de 2011

Siguiendo a ciegas la luz del infinito

La mariposa se despereza y prepara las maletas. Si siguiera su patrón ancestral simplemente alzaría el vuelo y desaparecería en el horizonte, pero la conciencia le recuerda que es exactamente lo que ha hecho en otras ocasiones. Qué feliz era en su crisálida de madera, cuando no había decisiones que tomar y compartía la miel de abejas con su viejo guardián. Qué tranquila estaba en su vida cotidiana antes de cambiar. Lamenta a veces saber tantas cosas, pues algunos días perdieron la magia del despertar a su lado y, lo que menos desea, es tener que buscar lo que no ha despertado, pues su corazón por ahora solo quiere aguantar una herida y sabe que deberá luchar con otra compartida. Duele crecer - le recuerda un colibrí que la acompaña, mientras escucha el llamado de su alma. Duele comprender que acabó una etapa, pues en adelante sólo serán ella y sus alas. Confía en las señales de su círculo volador, aunque vayan en contra de todo lo que una vez creyó, pues ya no le queda nada... bueno, algo sí, una sombra del recuerdo que la hará tragarse el orgullo, para poder descargarse del karma, pues no puede seguir volando con tanta carga pesada. Aguarda entonces a que la diosa Luna esté llena para mover las piezas y confía en que su estrella le dé la fuerza para enfrentarse al dragón que puede perderla... será que tendrá que rogar mucho para poder cerrar la puerta?

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Cuando soñamos las cosas parecen más reales...

el sueño nos conecta con nuestro mundo interno