Mari, Moi, Moira... Rostros violetas sin nombre que se conectan a través del sentimiento... simplemente un espacio para compartir lo que escribo con aquellos que quieran leerlo y sentirse un poquito identificados, más allá de los quiénes, cuándos y por qués
martes, 18 de octubre de 2011
La almendra y la laguna
Como si fuera el camino encantando de un cuento de hadas, donde se unen la magia y la esperanza, se abre ante mis pies la entrada a UN paraíso, uno de tantos lugares que han conectado mi cuerpo, mi sangre, mi aliento, mi alma, mis manos, mi rostro, mi espalda... Bajo una amorosa madre almendra, acompañada de mis hermanas, cantamos sanando las heridas pasadas y de pronto todo parece tan claro... al dejar que Yemanyá nos lave las manos y los brazos. No hay más dolor, porque no existe ya aquella conexión. No hay más deudas culposas, porque ya pasó el momento de angustia maternal. No hay razones para esperar o apurarse, porque somos tan completos por aparte, como hemos creído necesitar. Un recuerdo del águila y el cóndor endulza los sonidos, cuando de los labios de la pantera afloran cantos sagrados de libertad. Una fuerza reconocida como natural, vuelve a tomar su lugar de antaño, cuando el colibrí con antenas de cristal pide la guía para sanar. La laguna nos recibe sin máscaras sociales, nos regala de su arena para suavizar corazas y conectamos con lo que verdaderamente vale: la magia nunca es sacrificio, sólo cambio!
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Cuando soñamos las cosas parecen más reales...
el sueño nos conecta con nuestro mundo interno
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