Aún cuando la conciencia desata tempestades de deberes
y existe un claro entendimiento de haber acabado,
el egoísmo que caracteriza mis pasos
no me deja compartir lo que creía haberme ganado:
un trato especial en los anaqueles de tus conquistas,
una mirada sagrada de tanto brillar con prisas,
una caricia que desborda pieles sensibles,
una palabra más allá de lo mundano de la vida,
un será después por convicción mágica,
una conexión de almas...
y aunque sé que se mantiene la trascendencia de los roles
me cuesta verte jugando con otros lo que habíamos pactado nosotros.
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