Sin más nombre que el viento,
al carecer de rostro el sentimiento,
cuando se acaba la nostalgia
y no nos queda una lágrima salada,
voy caminando en automático,
deseando que la luz brille a lo lejos,
soñando con un pasado errático
y construyendo un sueño...
la dualidad me come por dentro
al saber qué son ambos momentos,
pues creí encontrarme al borde de scleranthus
cuando en realidad son sólo espejos.
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