Con el espíritu en alto
y siendo conciente de mi propia mano,
esperando ver la luz tintineando
sin desvelarme por el momento pasado,
algo se deshace en el horizonte
que me recuerda lo pasajero de mis actos,
porque sea como sea,
soy sólo una parte más del contrato.
Tal vez lo que desespera es la ansiedad del no saber,
quizás no existe nada más allá de la ignorancia,
es posible que me muera de ganas...
pero ni una palabra saldrá de mi boca
hasta no estar segura de que existe la esperanza.
No hay más oscuridad que antes del amanecer...
sabias palabras,
que nos rozan sin cesar los sueños
y nos envuelven en una espera abstracta
donde desconfío hasta de mi propia sombra
pues no creo en las palabras vanas.
Aún así espero...
a que llueva chocolate,
a que se mueva el piso con sólo una mirada,
a que de la nada me abracen tus manos
y de tu boca salgan las palabras,
a que el viaje te traiga de regreso
o me lleve muy cerquita de tus besos...
en realidad espero...
simplemente a que amanezca de nuevo.
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