miércoles, 6 de mayo de 2009

Una noche de cuentos, poemas y ensayos...

¿Hasta dónde llegaré?
¿Hasta dónde llegarás?
es un juego en el que no estoy segura de querer participar,
me debato entre la razón y el deseo
pero al final del camino no veo claro lo que habrá.

Somos muchos en la misma cama,
somos demasiados esperando el tren,
somos tantos que me asfixio,
somos los que no deberíamos ser…

Mis cartas anuncian cambios,
mi estrella pronostica renaceres,
una piedra me advierte sinsabores
y una voz me recuerda lo que ya sé…
debo saltar al vacío… sola,
debo confiar en que mis alas funcionan,
debo tomar decisiones,
pero en el fondo lo que “debo hacer” me cuestiona.

Simplemente no lo entiendo…
apareciste,
desapareciste,
reapareciste,
te esfumaste,
me reencontraste,
te echo de mi lado,
me esperás hasta el cansancio…
¿qué significa?

Pregunté…
pero no quería escuchar esa respuesta ahora,
pregunté…
y escuché lo que antes hubiera deseado sin demora,
pregunté…
aunque la ansiedad me consume,
pregunté…
porque temo equivocarme de nuevo y perderme en la sombra.

Mi luna y mi sol,
mi aquí y mi ahora,
mis recuerdos y mis dolores,
mis sonrisas y mis pasiones,
mi eclipse,
mi integralidad,
mi mentira y mi verdad,
todo se junta y me presiona,
todo lo que esperaba con ansiedad,
supongo que es tu tiempo de aguardar.

Mi espejo de obsidiana me muestra un error,
veo el reflejo de mis actos al fondo de un tazón,
¿acaso el hada que una vez me guió se equivocó?
¿acaso debía sólo cerrar el hueco y decir adiós?

Mi violeta da paso a la comprensión,
puede ser doloroso pero mejor,
no hay espacio para la unión
cuando ésta viene en envases usados de cartón.

Despacio,
paciencia,
cuidado,
término de algo,
renacimiento,
amor,
ilusión,
nueva emoción…
son mensajes enredados,
demasiado confusos para entender algo,
demasiado ambiguos para arriesgar mi sol,
si tan solo hubiera una respuesta lunar
se podría continuar a pesar del dolor.

Al final de la tarde el mundo estalló,
no hubo noticias de qué sucedió,
la verdad se consume esperando ser convocada a declarar,
ya el temor lo hizo una vez
y no se podía creer lo que se le escuchó decir,
¡no concebían sentir así!…
¿de dónde salió?
¿los dirigió el miedo o el amor?
algunos sobrevivientes pensantes desean acallar las palabras,
aunque en el fondo saben que es mejor matarlas.

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