No hay mayor tranquilidad,
uno a uno los enlaces se juntan
y caen como ronpecabezas formando una figura difusa,
algo parecido a un te quiero,
con sabor arrenpentido por el alejamiento,
que respira a su propio ritmo
y me recuerda cómo caminar en medio del desierto,
sin salvavidas de colores,
ni amuletos olorosos a viejas quemazones,
simplemente los recuerdos y comprensiones
de que somos más que esto que nos come...
porque el dos de copas sale como siempre,
obligándome a tragarme aquello que me duele,
junto con mi necesidad de tenerte,
que aunque ahora comprendo que no es parte de esta vida,
me sube por el vientre y se acomoda en mi guarida,
haciéndome conciente...
de mi voz, de tu rol, de su importancia,
de mis sentimientos, de tus razones, de sus miedos,
de aquello que siempre nos va a unir,
de la relación que existe entre las almas,
de la paz que da el saber quién soy, quién sos, quién es mi calma.
Estos triángulos que asfixian la razón,
llenando mis entrañas de ansiedades vanas,
haciéndome saborear cada paso que doy de ida y vuelta,
entre mi realidad y aquellas fantasías caras,
donde nace la locura del espíritu,
que no comprende que la carne se derrite con tanta pasión,
siendo un eco de los roces que circulan a mi alrededor.
Los acepto en mi vida... como lo que son,
reconozco mi necesidad de ambos,
comprendo que cada cosa tiene un espacio
y no importa cuánto hagamos,
siempre seguirá el reparto...
porque así es,
así siempre hemos estado,
saliendo y entrando de estos triángulos...
por fin puedo decir... está bien, no me enfado!
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