Como el péndulo que mi mano predijo
el corazón va de aquí para allá,
no comprendo aún el sentido
pero al mismo tiempo te extraño y me cansás.
Mi alma se reacomoda cuando te siente de nuevo en mi camino,
te veo rondando mi vida y logro respirar sin temor a unirnos,
ya no somos dos seres compartiendo un espacio
sino dos partes creciendo acompañados.
Una culpa recorre mi cuerpo,
la ansiedad de entender mensajes me come por dentro,
después de su beso cotidiano,
después de mi arreglo sin daños,
me cuesta aceptar que las mariposas se despierten ante tu llamado.
Asumiendo que todo sea un juego,
reconociendo que es la imposibilidad lo que nos mueve,
aceptando que mi histerismo controla este vaivén
y que tu seducción es cosa pasajera,
me pregunto si será que la melancolía llena nuestras almas
y por eso no podemos acercarnos más allá de una promesa karmática.
Después de tantas imágenes recordadas,
después de entender sus papeles en mis vidas pasadas,
después de aceptar que hay una conexión por karma,
después de soltar la conciencia y liberarnos de la cotidianidad,
sigo reclamando al universo por ser un traicionero
que aceptó mi propuesta de estar en este enredo,
donde no importa qué elija hacer...
alguien saldrá lastimado,
yo, ustedes, nosotros...
pues no puedo tener mi sol y mi luna juntos,
sin hacernos daño.
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