¡Quién pudiera alcanzar la luna y bailar en su punta,
soñar con el despertar violeta de una estrella extraviada,
retornar a casa con la esperanza del amor a cuestas
y escuchar el canto de las hadas al contemplar sus alas!
Un rostro, un nombre,
tantas vidas compartidas…
sé que las estrellas guían,
pero en la oscuridad de mi noche
tu presencia hace eco al vacío nostálgico.
Las figuras que se forman junto a mi cama
alteran mi sueño cuando me llamás,
no hay paz si tu ansiedad presiona
y deseo que mi piel no olvide tu aroma.
Nuestra sensibilidad a la luz nos delata,
el no poder ver directamente al sol es una carga eterna,
la conexión alrededor de la mesa se hace presente,
somos una familia vampirezca oculta a la muerte.
Los recuerdos conscientes,
tema de mesa recurrente,
se hacen presentes naturalmente…
ocultamos al resto de la gente lo que somos,
pero nos conoceremos más allá de nuestros rostros humanos.
Un rostro nos observa curioso,
una mirada nos cuestiona ansiosa,
alguien autoelegido para acompañarnos nos admira,
la magia del círculo nos encierra sin darnos cuenta.
De ahí viene lo natural del encuentro,
de ahí los deja vús recurrentes,
de ahí el acoplamiento perfecto,
mi mago oscuro no entiende…
no es el error de Brida lo que sigo,
sino el regreso al Og prometido...
un revivir a Sirius de entre las cenizas.
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